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Multimèdia i Waldorfs

Artículo de Infobae.com
Publicado: 22 de octubre 2011

Cerebros de Silicon Valley envían a sus hijos a un colegio sin ordenadores

No hay televisores ni PC, sólo tiza y pizarra, los niños aprenden a
tejer, coser y hornear pan. Un establecimiento privado en el que se
enseña informática a los 13 años

La Waldorf School de Peninsula, en California, es una de las escuelas
privadas que eligen los hiperconectados empleados de Google, Apple y
otras empresas de punta para que sus hijos se eduquen alejados de todo
tipo de pantalla, según un informe del diario Le Monde sobre una nueva
tendencia tech: la desconexión.

Tres cuartos de los alumnos inscriptos en la Waldorf son vástagos de
personas que trabajan en el área de las nuevas tecnologías. “La gente
se pregunta por qué profesionales de la Silicon Valley, entre ellos
algunos de Google, que parecen deberle mucho a la industria
informática, envían a sus hijos a una escuela que no usa
computadoras”, comentó Lisa Babinet, profesora de matemáticas y
cofundadora de la escuela primaria, en la conferencia anual Google Big
Tent.

El periódico francés recoge el testimonio de uno de estos padres:
Pierre Laurent, que eligió esta escuela porque cuestiona la tendencia
actual a equipar en informática a las clases desde una edad cada vez
más temprana. “La computadora no es más que una herramienta. El que
sólo tiene un martillo piensa que todos los problemas son clavos”,
dice. “Para aprender a escribir, es importante poder efectuar grandes
gestos. Las matemáticas pasan por la visualización del espacio. La
pantalla perturba el aprendizaje. Disminuye las experiencias físicas y
emocionales”.

En la Waldorf esa limitación no existe: se aprende a sumar y a restar
dibujando o saltando a la cuerda. Consultado acerca de si no le
preocupa que sus hijos estén en desventaja por este retraso en el uso
de la PC, Laurent responde: “No sabemos cómo será el mundo dentro de
15 años, las herramientas habrán tenido tiempo de cambiar muchas
veces. Por haber trabajado 12 años en Microsoft, sé hasta qué punto
los softwares son preparados para ser del más fácil acceso posible”.
También recuerda que todos los alumnos de la Waldorf tienen
computadora en sus casas. La cuestión se reduce entonces a decidir
cuándo levantar las limitaciones a su uso.

Richard Stallman, el gurú del software libre, trabaja desconectado:
“La mayor parte del tiempo no tengo Internet. Una o dos veces por día,
a veces tres, me conecto para enviar y recibir mis correos. Releo todo
antes de enviar”.

Así como por un lado muchas personas sufren de nomofobia, es decir el
miedo a no estar conectado (teléfono, Internet, etc.), otros ya
empiezan a dar la vuelta y a recuperar el placer de la desconexión.
Fred Stutzman, investigador de la Carnegie Mellon University,
desarrolló incluso un programa llamado Freedom que bloquea el acceso a
Internet durante 8 horas seguidas, obligando a reiniciar la
computadora para reactivar el servicio. Deseoso de poder escribir sin
distracciones, también diseñó Anti-social, un software que permite el
acceso a Internet pero sin diversiones tales como Facebook y Twitter.
“Las computadoras se han convertido en máquinas de distracción. Hay
que equiparse hoy de funcionalidades que las devuelvan a su rol de
máquina de escribir”, dice. “Es una forma de comprar tiempo”.

Sherry Turkle, del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT, por
sus siglas en inglés), autora del libro Alone Together (Solos juntos),
dice que mirar sus mails o SMS frente a otros puede ser tan contagioso
como un bostezo: “La gente pasa 90% de su tiempo de trabajo con los
mails, y en su casa envían SMS estando a la mesa”.

El informe de Le Monde pronostica que cada vez habrá más gente
pidiendo asistencia para desonectarse. No es un fenómeno de masas,
sino más bien una tendencia minoritaria que involucra más bien a los
sectores más acomodados. “Algunos tienen el poder para desconectarse y
otros, el deber de permanecer conectados”, dice el sociólogo Francis
Jauréguiberry, que investiga el tema. Los “pobres” de la tecnología
son los que no pueden eludir la responsabilidad de responder de
inmediato un correo electrónico o un mensaje de texto. Los nuevos
ricos, por el contrario, son aquellos que tienen la posibilidad de
filtrar e instaurar distancia respecto a esta interpelación. Lo mismo,
dice Jauréguiberry, pasó con la televisión: el sobreconsumo es cosa de
las clases populares.

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